lunes, 26 de octubre de 2009

miércoles, 21 de octubre de 2009

UN VIAJE A MACONDO


María Fernanda Castañeda
A tempranas horas, una caja de metal nos transporta al pueblo donde la imaginación es cierta y la vida esta llena de mariposas amarillas. Al llegar, nuestra vista refleja el pensamiento y vemos a macondo como lo habíamos soñado alguna vez: el sol que acoge a la mañana y el tren que pasa con sus mil vagones a las 10:00.
Los niños, los colores y los parques, despiertan la alegría de aquellos que por primera vez visitamos la tierra de García Márquez. Recorremos las calles y cada segundo nos hace querer quedarnos para siempre, por que sentimos que la vida es más bella si todas las mañanas nos meciéramos en la terraza y nos viéramos envejecer sin un espejo, sólo con la soledad del alma

ESCALAFÓN FELINO



Mi antiguo barrio era clase baja. La comida era pésima, las gatas gordas y feas, y no había diversión. Mis viejos amos me daban restos de pescado, leche helada y decían que no servía para nada, pues, no cazaba los ratones que habitaban en su casa. Por eso decidí tomar este domicilio, nuevo, con clase, sofisticado y elegante. Precisamente, éste porque otros gatos me dijeron que por aquí estaban las mejores fiestas, las mejores gatas y lo más importante, el mejor pescado. Sin contar, que todos esos trastes, escombros, mugre y gentuza no van con mi bello pelaje blanco, y mis impactantes ojos azules.
Así que me escapé y buscando encontrar mi destino, entre a una de las casas valiéndome de sus dueños… ¿quien le negaría un hogar a un gatito de Angora tan lindo como yo?, esperé un momento para atrapar a mi presa cuando vi a una mujer salir, me le pegue a los pies como goma de mascar, ronroneando y haciéndole cariñitos, definitivamente todo me salió como quería.
En el mismo instante en que entré a la mansión, me convertí en su rey, me dieron leche tibia y me cocinaron un bello y oloroso filete de salmón. Pero mi sueño se volvió pesadilla cuando una de las sirvientas dijo que estaba muy sucio, así que me tomó, me dio un horrendo baño, me secó, me esponjó, y me colocó un lazo rosa en el cuello, no hice ningún esfuerzo por escapar, porque si actuaba mal, era posible que me echaran y nada en el mundo evitaría que viviera en aquella gran casa blanca con paredes de mármol. Lo tomé como una especie de sacrificio.
Cuando la noche llegó, por fin iba a disfrutar de lo que buscaba. Me saqué el moño, salí del cuarto por la ventana, y camine hasta uno de los callejones. Lo que vi desde ahí fue lo más que fantástico, lo mejor de lo mejor, un tanque de basura lleno de gatas y gatos bailando al ritmo de la música.
Era un club muy exclusivo, tanto, que para entrar, había que pasar una prueba, la cual consistía en comer un ratón. Un horrible y asqueroso ratón. Los ratones no son mi comida favorita, al contrario, no me gustan, me causan asco, por eso nunca los cazaba, pero no tenía opción.
Empecé por la cola, luego el cuerpo, las patitas y de último la cabeza. Cuando terminé, estaba empapado de sudor, tenía los ojos ahogados en lágrimas, aguantando las ganas de vomitar. Fue asqueroso pero lo hice porque no iba a dejar que una simple prueba de un ratón arruinara mis ganas de disfrutar las fiestas de aquel club.
Todo el mes que pasó después de aquel momento fue estupendo, en el día era mimado como un emperador, con los mejores cuidados y atenciones, y en la noche gozaba de comida, bailes y verbenas. Pero lo que nunca me pasó por la mente era que mis antiguos dueños colgaran carteles con mi foto en todas partes.
Fueron a buscarme a la hermosa casa donde viví todo ese tiempo. No dejé que me atraparan, al primero que me tocó le rasguñé toda la cara, y empecé a correr. El chofer, las nanas de los niños, el mayordomo, las sirvientas, el chef, sus ayudantes y el resto del servicio me persiguió por toda la casa, uno tras otro, tratando de capturarme. Yo corría por todos lados tumbando jarrones, rompiendo cortinas y destruyendo todo a mi paso.
Los dueños de la casa animaron el afán de atraparme poniendo como premio aumentar el sueldo al 50% al que me entregara al par que me reclamaban. Ninguno logró atraparme. Fue mi error no saber por donde andaba, golpearme con la pared y caer desmayado lo que me llevó devuelta hacia el sucio barrio y la horrenda casa de donde me había escapado.