
María Fernanda Castañeda
A tempranas horas, una caja de metal nos transporta al pueblo donde la imaginación es cierta y la vida esta llena de mariposas amarillas. Al llegar, nuestra vista refleja el pensamiento y vemos a macondo como lo habíamos soñado alguna vez: el sol que acoge a la mañana y el tren que pasa con sus mil vagones a las 10:00.
Los niños, los colores y los parques, despiertan la alegría de aquellos que por primera vez visitamos la tierra de García Márquez. Recorremos las calles y cada segundo nos hace querer quedarnos para siempre, por que sentimos que la vida es más bella si todas las mañanas nos meciéramos en la terraza y nos viéramos envejecer sin un espejo, sólo con la soledad del alma
Los niños, los colores y los parques, despiertan la alegría de aquellos que por primera vez visitamos la tierra de García Márquez. Recorremos las calles y cada segundo nos hace querer quedarnos para siempre, por que sentimos que la vida es más bella si todas las mañanas nos meciéramos en la terraza y nos viéramos envejecer sin un espejo, sólo con la soledad del alma

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