lunes, 7 de septiembre de 2009

LOS SECRETOS DE UN GATO (Con el permiso de Poe)

Ricardo Castro Fernández De Castro
Ese hombre no era malo. Esa alma sensible, tierna y humilde la dañe yo. Puedo afirmar que el malo soy yo. Cuando era un gatito manso, me adoptó una bruja. Aprendí de ella bastos conocimientos sobre brujería, el conteo de mis vidas y cosas relacionadas.
Pasado un tiempo ella envejeció y murió y con ella 3 de mis 7 vidas. Yo quede solo en una gran cuenca oscura y cuando todo lo vi perdido, apareció él. Lo observe durante unos años. Ese niño solitario, con preguntas sin respuestas, me llamo la atención y pronto me di cuenta que él debía sufrir.

Cuando se casó, me interpuse en su matrimonio y su vida. Esa mujer, de mirada cautivadora, con piel suave y delicada…pero no es hora de hablar de ella. Su estado emocional lo volví una trama, un entrecruzamiento de emociones, tanto, que no se reconociera ni él mismo. En pocas palabras me volví su judas, lo tenía todo fríamente calculado. Lo incite a que se convirtiera en un amante del licor hasta que quisiera matarme. La noche de mi muerte, yo lo mataría, sus pensamientos se convertirían en nubarrones negros, tales que no lo dejaran pensar. Me llevo a un lugar oscuro, no lo hizo como yo esperaba, pero hizo precioso y doloroso aquel momento. Mientras yo moría, él lo disfrutaba y me di cuenta que por fin estaba haciendo el mal.

Antes de morir incendié su casa, e impregné mi silueta en la única pared que quedó de pié, como forma de señal o aviso de lo que podría venir. Lo volví un psicópata, un hombre bárbaro, un brutal ser humano, para que ella lo odiara en ese momento, con la perdida estúpida de una mis vidas y el arrepentimiento de lo hecho, se me ocurrió reencarnar en otro gato, usando una de mis 4 vidas. Pensé que podría cambiarlo y cuando mi cuerpo estuvo hecho, lo busqué y hasta encontrarlo en uno de los bares que frecuentaba. Lo llamé con un maullido dócil; me vio detalladamente, se fue como si no le hubiera importado, sin embargo lo seguí y me di cuenta que en mi ausencia habían pasado muchas cosas.

Lo encontré casi destruido, y sus sentimientos seguían dispersos, solo había soledad, un sentir oscuro y sombrío. Lo acosaba, lo seguía a todos los lugares donde él fuera, para que empezara a revelar su ira ¡vaya lo estaba consiguiendo, reaccionaba con violencia en cualquier momento!...era casi predecible.
En el lapso de tiempo, en el cual yo creía que me estaba ganando su confianza y avanzaba con mi juego perverso, en realidad pasaba lo contrario. Después de un tiempo, justo un martes 13. Bajando por las escaleras de su casa, entre mi adhesión antipática y mis caricias enredadas en sus pies, lo empujé por las escaleras. Mientras rodaba en su caída, yo me dirigía hacia el supuesto cadáver con mis pasos fuertes y victoriosos; en segundos algo pasó, un lago de sangre, brotó después de un fuerte golpe y una gran caída. Era ella, esa mujer hermosa, mi amor platónico.
Enterrado en mi ira, con mis ultimas 3 vidas, no tenia otra opción que huir, ¡el odio me incineraba con llamas el corazón!, pero no podía hacer nada, en ese momento de desesperación. Ese bárbaro hombre, me estaba buscando para matarme, así que no había mejor refugio que estar junto al cadáver de mi amada, encerrados dentro de una pared del sótano.

En el tiempo que estaba encerrado, cuando el poco aire que quedaba dentro de la pared, se llevó a rastras mi quinta vida, llegó la policía. Escuché a todas las personas que estaban del otro lado de la pared. Entre palabras y pistas hipócritas del hombre y los pasos que se iban alejando escalón a escalón, con mi último aliento, sólo pude lanzar al poco aire que quedaba, un aullido suave como una pista de la poca inteligencia y astucia de ese hombre…Me cansé de mi juego. Él ya no vale ni las ofensas, ya no tengo nada que perder, perdí a mi amada y 5 de mis 7 vidas.
Finalmente, lo arrestaron y yo como la muerte que se lo lleva todo en silencio… seguí mi vida en el otro mundo como un gato negro.

¿POR QUÉ ME PASA ESTO A MÍ?

Duvan Cervantes Fuentes
Todo ocurrió hace dos semanas cuando me encontraba con mi combo: Andrés, Jennifer, Joan, Cristian, Ana, Pedro, Antonia y yo. Estábamos en la Plaza de la Paz frente a la Catedral, en Barranquilla y de repente se acercó un hombre que inspiraba una mala sensación, nos ofreció unas hermosas manillas. Ninguno tenía dinero pero él dijo que eran un regalo. Todos aceptaron incluso yo. Cada uno guardó un silencio muy serio, Andrés eligió una de cuatro colores trenzada; Jennifer, una roja muy sencilla igual a la de Joan que lo único que cambio fue el color, azul. Cristian una trenza de color piel. Ana y Pedro eligieron la misma porque eran novios. Antonia notó que el vendedor le hacia una especie de hechizo a las manillas y me lo contó.
Yo estaba a punto de elegir la mía, me dio tanta rabia que les quité a cada uno de mis amigos las manillas y se las tiré al hombre en la cara. Luego, me miró como queriendo que yo no estuviera ahí para hacer su maldad. Todos se enojaron conmigo por hacerlo y después me apoyaron por lo que dijo el hombre. Todos se asustaron y nos fuimos. Al otro día, Andrés según reporte de medicina legal murió ahorcado con una cuerda igual a la manilla que había elegido y le hacia falta su rosario de cuello, estaba mordido y rasguñado.

Me asusté tanto que les conté mi hipótesis a Antonia y a Jennifer, quien se burló. Yo veía la angustia de Antonia, porque de pronto él se había suicidado por los problemas que tenía en su casa con sus padres. Yo sin embargo, el dije que posiblemente algo como Vudú o alianza con un espíritu se había unido a nosotros por esas manillas. Estábamos impactados, ella tenía miedo y me preguntó si podía quedarse en mi casa. Yo acepté y esa noche hablamos. Creo que por primera vez en la vida me había enamorado de alguien. Era tan delicada, sencilla, tímida, bella, calmada, además también me miraba igual como yo la miraba. Ocurrían cosas muy raras en la casa, el televisor se prendía y se apagaba solo, las llaves del lavamanos se habrían y se cerraba solas, las lámparas se prendían a media luz, se caían las figuras santas. . Esa noche se vivió un ambiente frívolo y tenebroso, macabro. Un ambiente como el de los cuentos de Edgar Allán Poe.
Los dos asustados corrimos hacia la sala y tomamos el teléfono, llamamos a un grupo de espiritistas, amigos de mi familia, que llegaron a la casa la mañana siguiente. Conversé con Antonia sobre hechizos y amarres que se le puede hacer a una persona con o por medio de una prenda o utensilio domestico. Al llegar los investigadores de casos paranormales nos hicieron un baño liberador, pues una entidad demoníaca nos perseguía a los dos. Rezaron y purificaron la casa de la sala hasta el último rincón de los cuartos. Luego, todo fue normal, un ambiente de fábula y el amor entre Antonia y yo florecía. Entonces, nos enteramos de la defunción de Jennifer. Los partes dijeron que fue exceso de marihuana, pero los del combo sabíamos que ella era sana y era de la casa. Nos preguntábamos cómo la habría conseguido. Pero caímos en cuenta que no la consiguió ella, si no que se la dieron. Pero la pregunta era quién.

Después, el ambiente del combo se volvió frío. Todos estábamos preocupados y yo decidí reunirnos en mi casa. Todos aceptaron excepto Joan que estaba deprimido. Cuando hablaba con él en la calle y trataba de convencerlo, un bus sin identificación lo atropelló. El bus sólo se le vio el color, era rojo. Todos salimos a verlo y tenía puesta la manilla que él había elegido. Rápidamente, llegaron las autoridades e hicieron el levantamiento del cadáver. Pasados cinco minutos todos estaban histéricos y nerviosos y Pedro dijo que la muerte nos perseguía y que era culpa mía por haberle gritado a ese hombre y hacerlo decir lo que dijo, todos se quedaron muy pensativos y uno por uno se fueron e incluso Antonia. Ella se notaba con rabia y miedo. Pasados cinco días desperté en una correccional, pues cuentan que apuñalé un hombre que vendía manillas.

Allí me enteré que Cristian desapareció de la faz de la tierra y no se sabía nada de él. Ana y Pedro murieron en su auto mientras estaban juntos, el auto se incendió y estalló. Supe que Antonia se iba para New York y decidí escaparme para despedirme de ella, pero no tuve necesidad, uno de los vigilantes me dijo que yo mismo me había internado ahí dizque para no cometer otro acto vandálico. Me dejaron salir y fui rápidamente al aeropuerto y la vi cuando iba a subir, toqué su hombro y ella me sonrió sin decirme nada, yo le dije que tuviera buen viaje. Me dio un cálido y reconfortante beso en la mejilla y me dijo: “adiós, nos veremos cuando algún evento nos encuentre”. Una hora después su vuelo se accidentó y murieron todos los pasajeros incluyendo a Antonia, mi gran amor. Tomé un arma y en voz alta repetí las malditas palabras que dijo ese hombre hace exactamente dos semanas, las recuerdo muy bien, fueron: “cada uno de ustedes morirá por su gusto, ninguno burlará o desviará estas manillas para tener o halagar su vida”. Me disparé en el pecho luego de recordar a todo el combo. Ahora en esta clínica cuando me miro las manos y veo que estoy vivo, me pregunto: ¿Por qué me pasa esto a mí?

UNA NOCHE DE VACACIONES


Ana Fernanda Salcedo
En vacaciones todo era muy diferente en mi casa, nos levantábamos tarde, hacíamos pijamadas, veíamos películas, etc. Pero esa vez las vacaciones no fueron como lo esperábamos, algo terrible pasó. Mi abuela no se encontraba bien de salud, su capacidad para hacer las cosas había cambiado totalmente.

Como siempre el hijo de mi madrina se quedaba en la casa al llegar las vacaciones. Esteban, el nieto preferido de mi abuela, su adoración. A pesar de que él es más pequeño que yo, siempre nos divertimos mucho.

Esa noche decidimos hacer una pijamaza con un amigo que se pasaba todo el día en mi casa, mi tía y mi madrina, en fin casi todos los de mi casa, esa noche era perfecta, nos acostamos tarde riéndonos, viendo películas muy divertidas, hasta que el sueños acabó con nosotros.

Entre sueños escuché una voz que me llamaba, medio abrí los ojos, que pasó? Pregunté, mi madre casi llorando me dijo: levántate, tu abuela murió, mis lágrimas cayeron como gotas de lluvia, sin palabras me levante, me bañe y salí a ver en que podía ayudar en la casa.

No queríamos que amaneciera pero era imposible retroceder el reloj, nadie se atrevía a decirle nada a Esteba, todos se miraban las caras, hasta que mi mamá se atrevió a decirle, quedó muy impresionado. El la quería mucho, llegó a mi, me abrazó y lloró conmigo. Su amigo no entendía nada, para no verlo triste se lo llevó a su casa para ir de paseo.

Verla ahí en ese cajón era como verla dormida en su cama, ella siempre linda con sus labios rosados y su cara suave. Nunca la olvidaré y siempre estará en mi corazón como una madre.

POR UNA FIESTA

Nathalí Díaz Acosta
Con ganas de huir de la faz de la tierra, pensé en hacer lo que tenía silenciosamente planeado desde un comienzo, tal vez para muchos sea algo descabellado pero en realidad era la única opción que tenía en ese momento a mi alcance.
Esperaría a que todos se durmieran y así, mi amiga pasaría por mí a las once. Con espíritu desesperado y con ganas de huir, abrí la puerta de mi alcoba y noté que todo estaba a oscuras y en completo silencio. Cuando me dispuse a bajar las escaleras de un momento a otro vi que se encendía una luz, venia de la cocina, me di cuenta que era mi papá quien estaba allí bebiendo un poco de agua.

No tuve más recurso que regresarme a mi dormitorio antes de ser descubierta, con la gran frustración de saber que mi primera estrategia había fallado. Resolví esperar un tiempo antes de tomar otra alternativa. Después de pensarlo mucho decidí, usar la ventana. Sin darme por vencida salté por ella, ¡Pero que tonta, Caí en la habitación de mis padres! Las consecuencias de no conocer tu propia casa. Ellos ocupados en su interacción mutua, no se dieron cuenta de mi presencia, con cautela y en forma sigilosa, me fui alejando de la alcoba.

Ya casi llegando a la terraza, con mi peinado desecho y mi vestido un poco rasgado, fui sorprendida con el Rottweiler de mi vecino, como un carro de carreras, pisé el acelerador y huí.
Al fin llegué al carro de mi amiga, sin un zapato, con mi vestido por la mitad y mi cabello como un estropajo, de nuevo fui sorprendida por el destino, un policía de tránsito le había puesto un parte a mi amiga y le quitó el carro.

Todo lo malo que me había pasado lo tomé como un desafió no me di por vencida y como pude solucioné el problema del carro. Lo que me propuse, fui a mi fiesta con mis trapos, y un retoque en el cabello. Cuando llegué, toda ilusionada, pensando que la iba a pasar muy bien, la fiesta ya había terminado y todos desfilaban hacia sus casas.

lunes, 18 de mayo de 2009

ADIOS AL GRAN MARIO BENEDETTI



Nacido el 14 de setiembre de 1920 en Paso de los Toros (250 km al norte de Montevideo), Benedetti fue distinguido con el doctorado honoris causa por varias universidades latinoamericanas y europeas.
Autor de decenas de libros de poemas, prosa, cuentos, novelas y ensayos, así como de teatro, recibió asimismo numerosos premios, entre los cuales el Premio Internacional Menéndez Pelayo en 2005, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1999 y el Premio Iberoamericano José Martí en 2001.
El 19 de diciembre de 2007, en su última aparición pública, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, lo galardonó con la "Condecoración Francisco de Miranda", en un acto celebrado en la Universidad de la República del Uruguay.

Botella al mar
Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.

martes, 5 de mayo de 2009

Recorriendo Aracataca: Tierra del Nobel










HOMENAJE A MEIRA DEL MAR



Huésped sin sombra

Nada deja mi paso por la tierra.
En el momento del callado viaje
he de llevar lo que al nacer me traje:
el rostro en paz y el corazón en guerra.

Ninguna voz repetirá la mía
de nostálgico ardor y fiel asombro.
La voz estremecida con que nombro
el mar, la rosa, la melancolía.

No volverán mis ojos renacidos
de la noche a la vida siempre ilesa,
a beber como un vino la belleza
de los mágicos cielos encendidos.

Esta sangre sedienta de hermosura
por otras venas no será cobrada.
No habrá manos que tomen, de pasada,
la viva antorcha que en mis manos dura.

Ni frente que mi sueño mutilado
recoja y cumpla victoriosamente.
Conjuga mi existir tiempo presente
sin futuro después de su pasado.

Término de mí misma, me rodeo
con el anillo cegador del canto.
Vana marea de pasión y llanto
en mí naufraga cuanto miro y creo.

A nadie doy mi soledad. Conmigo
vuelve a la orilla del pavor, ignota.
Mido en silencio la final derrota.
Tiemblo del día. Pero no lo digo.

Muerte mía

"La muerte no es quedarme
con las manos ancladas
como barcos inútiles
a mis propias orillas,
ni tener en los ojos,
tras la sombra del párpado
el último paisaje
hundiéndose en sí mismo.

La muerte no es sentirme
fija en la tierra oscura
mientras mueve la noche
su gajo de luceros,
y mueve el mar profundo
las naves y los peces,
y el viento mueve estíos,
otoños, primaveras.
¡Otra cosa es la muerte!
Decir tu nombre una
y otra vez en la niebla
sin que tornes el rostro
a mi rostro, es la muerte.
Y estar de ti lejana
cuando dices "La tarde
vuela sobre las rosas
como un ala de oro

La muerte es ir borrando
caminos de regreso
y llegar con mis lágrimas
a un país sin nosotros
y es saber qué pregunta
mi corazón en vano
por tu melancolía.

¡Otra cosa es la muerte!"

Raíz antigua

No es de ahora este amor.
No es en nosotros
donde empieza a sentirse enamorado
este amor por amor, que nada espera.
Este vago misterio que nos vuelve
habitantes de niebla entre los otros.
Este desposeído
amor, sin tardes que nos miren juntos
a través de los trigos derramados
como un viento de oro por la tierra,
este extraño
amor,
de frío y llama,
de nieve y sol, que nos tomó la vida,
a leve, sigiloso, a espaldas nuestras,
en tanto que tú y yo, los distraídos,
mirábamos pasar nubes y rosas
en el torrente azul de la mañana.
No es de ahora. No.
De lejos vine
-de un silencio de siglos,
de un instante
en que tuvimos otros nombres y otra
sangre fugaz nos inundó las venas-,
este amor por amor,
este sollozo
donde estamos perdidos en querernos
como en un laberinto enamorado