
Ana Fernanda Salcedo
En vacaciones todo era muy diferente en mi casa, nos levantábamos tarde, hacíamos pijamadas, veíamos películas, etc. Pero esa vez las vacaciones no fueron como lo esperábamos, algo terrible pasó. Mi abuela no se encontraba bien de salud, su capacidad para hacer las cosas había cambiado totalmente.
Como siempre el hijo de mi madrina se quedaba en la casa al llegar las vacaciones. Esteban, el nieto preferido de mi abuela, su adoración. A pesar de que él es más pequeño que yo, siempre nos divertimos mucho.
Esa noche decidimos hacer una pijamaza con un amigo que se pasaba todo el día en mi casa, mi tía y mi madrina, en fin casi todos los de mi casa, esa noche era perfecta, nos acostamos tarde riéndonos, viendo películas muy divertidas, hasta que el sueños acabó con nosotros.
Entre sueños escuché una voz que me llamaba, medio abrí los ojos, que pasó? Pregunté, mi madre casi llorando me dijo: levántate, tu abuela murió, mis lágrimas cayeron como gotas de lluvia, sin palabras me levante, me bañe y salí a ver en que podía ayudar en la casa.
No queríamos que amaneciera pero era imposible retroceder el reloj, nadie se atrevía a decirle nada a Esteba, todos se miraban las caras, hasta que mi mamá se atrevió a decirle, quedó muy impresionado. El la quería mucho, llegó a mi, me abrazó y lloró conmigo. Su amigo no entendía nada, para no verlo triste se lo llevó a su casa para ir de paseo.
Verla ahí en ese cajón era como verla dormida en su cama, ella siempre linda con sus labios rosados y su cara suave. Nunca la olvidaré y siempre estará en mi corazón como una madre.

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